Meditación 6 · Soltar la tensión

Hay momentos en los que el cuerpo carga más de lo que parece.

Los hombros se tensan, la mandíbula se aprieta, la respiración se acorta… y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta. Simplemente seguimos adelante, acumulando pequeñas tensiones durante el día.

Esta meditación guiada está pensada para ayudarte a detenerte unos minutos, escuchar el cuerpo y soltar poco a poco esa tensión acumulada.

No tienes que hacerlo perfecto. No tienes que forzar nada. Solo permitirte estar aquí, respirar y aflojar.

Meditación guiada para soltar la tensión

¿Para qué sirve esta meditación?

Esta meditación puede ayudarte a:

  • Relajar el cuerpo de forma progresiva.
  • Soltar tensión acumulada en hombros, mandíbula, pecho o abdomen.
  • Volver a una respiración más tranquila.
  • Crear un pequeño espacio de calma durante el día.
  • Reconectar con el cuerpo sin exigencia.
  • Prepararte para descansar mejor.

Es una práctica sencilla, especialmente pensada para principiantes o para cualquier persona que necesite parar unos minutos y bajar el ritmo.

Antes de empezar

Busca una postura cómoda.

Puedes hacer esta meditación sentado, sentada o tumbado, tumbada. Lo importante es que el cuerpo pueda descansar sin demasiada tensión.

No necesitas dejar la mente en blanco. Tampoco necesitas conseguir una relajación perfecta.

Solo escucha la voz, respira a tu ritmo y deja que el cuerpo vaya soltando, poco a poco, lo que ya no necesita sostener ahora.

Durante la práctica

A lo largo de esta meditación iremos llevando la atención a distintas zonas del cuerpo.

Tal vez notes tensión. Tal vez notes cansancio. Tal vez no notes nada especial. Todo está bien.

La práctica no consiste en obligar al cuerpo a relajarse, sino en darle permiso para aflojar.

A veces, con solo observar una zona del cuerpo y respirar ahí unos instantes, algo empieza a suavizarse.

Después de la meditación

Cuando termines, intenta no volver de golpe a la prisa.

Quédate unos segundos sintiendo el cuerpo. Observa si algo ha cambiado, aunque sea muy sutil: una respiración un poco más amplia, los hombros algo más bajos, la mandíbula menos apretada o una sensación de mayor presencia.

Puedes volver a esta meditación siempre que notes tensión acumulada, estrés o necesidad de descansar.

Respira.

No tienes que hacerlo perfecto.

Solo estar aquí.

Presente.