Hay momentos en los que el cuerpo carga más de lo que parece.
Los hombros se tensan, la mandíbula se aprieta, la respiración se acorta… y muchas veces ni siquiera nos damos cuenta. Simplemente seguimos adelante, acumulando pequeñas tensiones durante el día.
Esta meditación guiada está pensada para ayudarte a detenerte unos minutos, escuchar el cuerpo y soltar poco a poco esa tensión acumulada.
No tienes que hacerlo perfecto. No tienes que forzar nada. Solo permitirte estar aquí, respirar y aflojar.
Meditación guiada para soltar la tensión
¿Para qué sirve esta meditación?
Esta meditación puede ayudarte a:
- Relajar el cuerpo de forma progresiva.
- Soltar tensión acumulada en hombros, mandíbula, pecho o abdomen.
- Volver a una respiración más tranquila.
- Crear un pequeño espacio de calma durante el día.
- Reconectar con el cuerpo sin exigencia.
- Prepararte para descansar mejor.
Es una práctica sencilla, especialmente pensada para principiantes o para cualquier persona que necesite parar unos minutos y bajar el ritmo.
Antes de empezar
Busca una postura cómoda.
Puedes hacer esta meditación sentado, sentada o tumbado, tumbada. Lo importante es que el cuerpo pueda descansar sin demasiada tensión.
No necesitas dejar la mente en blanco. Tampoco necesitas conseguir una relajación perfecta.
Solo escucha la voz, respira a tu ritmo y deja que el cuerpo vaya soltando, poco a poco, lo que ya no necesita sostener ahora.
Durante la práctica
A lo largo de esta meditación iremos llevando la atención a distintas zonas del cuerpo.
Tal vez notes tensión. Tal vez notes cansancio. Tal vez no notes nada especial. Todo está bien.
La práctica no consiste en obligar al cuerpo a relajarse, sino en darle permiso para aflojar.
A veces, con solo observar una zona del cuerpo y respirar ahí unos instantes, algo empieza a suavizarse.
Después de la meditación
Cuando termines, intenta no volver de golpe a la prisa.
Quédate unos segundos sintiendo el cuerpo. Observa si algo ha cambiado, aunque sea muy sutil: una respiración un poco más amplia, los hombros algo más bajos, la mandíbula menos apretada o una sensación de mayor presencia.
Puedes volver a esta meditación siempre que notes tensión acumulada, estrés o necesidad de descansar.
Respira.
No tienes que hacerlo perfecto.
Solo estar aquí.
Presente.